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Latido

Llevar tu ausencia es descubrir, de algún modo, que en realidad nunca te has ido del todo. Te busco en los archivos de la memoria lejana, pero te encuentro, viva, en mi espejo a cada mañana:
Estás en mi empeño por cruzar fronteras, por prepararme y avanzar de distintas maneras. En la valentía con que sostengo mi propia casa, en el orden minucioso que mi mundo abraza, y en ese amor tan grande y constante, que le tengo al pueblo de Bustamante.
Desde que soy madre entiendo el amor que me dabas, el idioma profundo con el que me cuidabas. Ahora tu nieta te conoce, te nombra y te habita, con una presencia que es pura e infinita, y aunque el tiempo no les permitió coincidir en la tierra, el lazo que las une mi corazón lo encierra.
Has venido a mis sueños, con total calma y alegría, sana y sonriente, como en tu mejor día. Diciéndome al oído, para que en paz duerma, que en la eternidad nunca has estado enferma.
He guardado tus objetos como tú me lo pediste, honrando con gran celo lo mucho que me diste, pero sé que desde tu luz entiendes el contexto, y que los platos y figuras eran solo el pretexto; de lo que de verdad importaba, y que no se desgasta, de ese tejido inmaterial que dejaste y que me basta.
No dejaré que el futuro sea gris o sombrío, tú me enseñaste a encenderlo y a quitarle el frío. Gracias por todo mami, por tu memoria; Que mientras yo respire, no se borrará tu historia.